La obesidad se define como una excesiva acumulación de la grasa corporal. En la mayoría de los casos se presenta como consecuencia de un desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto energético. Sin embargo, también confluyen otras causas, como factores genéticos, sociales, psiquiátricos o farmacológicos.
El diagnóstico de la obesidad se realiza a través de diversos parámetros. El más habitual y sencillo es el Índice de Masa Corporal, que se calcula dividiendo el peso del paciente entre la talla en metros elevada al cuadrado.
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La cifra obtenida se compara con los datos establecidos en la siguiente tabla:
19 a 25
Normal
25 a 30
Sobrepeso, bajo riesgo de padecer enfermedades asociadas
30 a 35
Obesidad grado 1, aumento moderado del riesgo
35 a 40
Obesidad grado 2, aumento mayor del riesgo
Mayor de 40
Obesidad grado 3, la mayoría presentan complicaciones
Este cálculo es sólo uno de los posibles parámetros a evaluar. El diagnóstico y tratamiento de la obesidad requieren un trabajo conjunto de diversas especialidades clínicas, según sean las causas y las enfermedades vinculadas al exceso de peso. Los pilares terapéuticos de la obesidad son el plan dietético y el ejercicio físico. El objetivo es reducir la ingesta calórica y favorecer el consumo energético. Estos tratamientos deben ser controlados por un especialista, que tiene que indicar el consumo calórico y los ejercicios más adecuados para cada paciente.